5.- Tradiciones Rurales y BDSM
Algún día te daré una ración de calçots, pero un poco especial.
En un casa rural con una buena
chimenea, y tú te quedarás mirando como pongo los calçots a cocer, mirarás sí o
sí, porque estarás sentada en una silla antigua como la propia casa. Con los
brazos por detrás del respaldo de la silla, bien y bien sujetos con un cuerda
de algodón blanco, que empieza sujetando las muñecas y va subiendo entrelazando
y los brazos forzando su unión. Con la cuerda que llega por encima de los codos,
provocando que los antebrazos queden tocándose íntimamente por detrás de la
espalda, bien tensos, sin ninguna posibilidad de ser libertados por mucho que
lo intentes. Además te habré inmovilizado las piernas ancladas a las patas de
la silla, por los tobillos y por los muslos a la altura de las rodillas.
Así bien quieta completamente
desnuda totalmente expuesta a tu amo, mirando el fuego de cerca como se cuecen
los calçots. Con las piernas abiertas por la sujeción de las cuerdas,
permitiendo penetrar el calor del fuego rabioso en tu sexo y que no tienes
manera de esconder, al igual que los pechos descubiertos ya bien calientes, continúas
deleitándote con la luz roja de la leña en llamas. Te encuentras con la única
cobertura de un pequeño babero que tapa parte de tu cuello y ligeramente los
dos pechos, así que no tienes manera de esconder tu exposición a tu amo, por
mucho que lo quieras.
Poco a poco los calçots se cuecen. Y
los envuelvo en papel de diario, los dejo reposar unos minutos. A continuación
cojo la salsa de calçots. Y ...
Y frente al tus ojos. Cojo el primer
calçot, el más grueso de todos, por la punta no cocida, con una mano la aguanto
alzado y con la otra mano rodeándolo de pleno, comienzo a pelarlo arrastrando
la primera capa de piel hasta el final, que se descapulle del todo, quedando
bien limpio y blanco.
Lo mojo con la salsa y mientras aún
chorrea, lo alzo por sobre tu cabeza, y con la otra mano te cojo del pelo y te
fuerzo la cabeza bien atrás, para que el calçot se dirija sin error posible
hacia tu boca hambrienta, y abierta. Pero por un pequeño error no entra en la
boca, sino que empieza a pasearse por toda la cara, chorreando de salsa, y después
de un buen paseo arriba y abajo por toda la cara entra en la boca de lleno. Y
te recuerdo que no puedes mover la cabeza de ninguna forma, porque te tengo
bien cogida por el pelo y atada a la silla.
Este calçot es tan grande y suculento
que una vez dentro cuando lo muerdes con todas tus fuerzas, te llena toda la
boca, y el jugo que desprende incluso te empieza a caer por el cuello abajo, lo
estás saboreando, y chorrea por todas partes, pero no tienes ninguna posibilidad
de secarte porque estás inmovilizada en la silla, “totalmente inmovilizada”.
Así que con un acto de buena
voluntad, para que no te manches el babero, con mi lengua te iré secándote los
goteos que te van cayendo cuerpo abajo. Y después de pasar los labios y la
lengua para ir aspirando y rebañando los goteos hasta la última gota, por todo
tu cuello tensado mirando al techo. Entre tanto, te acabas de tragar el inmenso
calçot que te he introducido en la boca.
Después de este primer calçot, te
quedarás observando, como yo como unos cuantos calçots, y cuando ya estoy
harto, vuelvo a iniciar proceso del principio, hasta que te desaparezca el
hambre que tenías.
Ahora te cojo de golpe por el
cabello y utilizando una cuerda más fina lo ato a la silla con la cabeza
forzada hacia atrás para que no lo puedas bajar en ningún momento. Sí “bien
tensado”, mirando hacia el techo permanentemente.
Empezaré a darte los postres
de chocolate semilíquido que dejaré caer con un fino chorro continuo sobre tu
boca abierta. Pero como no puedes tragar tan rápido comienza a sobresalir de la
boca y chorrear, desde la boca por el cuello y bajando un solo chorro de salsa
de chocolate.
Luego haciendo un camino por el
pecho, que acaba rodeándolo, y continúa el descenso desviándose hacia el
centro, llenando el ombligo hasta que sobresale. Continúa bajando por el
vientre y empieza a tocar la parte superior de los labios de tu sexo, que al
notar la textura viscosa del líquido, te hacen estremecer convulsivamente por
esta extraña sensación, y el chocolate inmediatamente te deja empapada toda la
zona del sexo.
Tú todavía estás completamente
inmovilizada no puedes hacer nada respecto a este baño de chocolate que va
descendiendo por tu cuerpo, cosquilleando tu piel, y sin poder desembarazarse
té de esta sensación, contemplando el techo pues no puedes ni bajar la cabeza.
Con otra acción de buena voluntad, para que no se manche la silla ..... me dedico
a recorrer todo el reguero que deja el chocolate por tu cuerpo hasta la zona de
tu sexo, con los labios y la lengua tantas veces como sea necesario para que
quede bien limpio.
Al pasar el rato el chocolate se ha
endurecido un poco, y para poder arrancarlo de la piel empiezo a hacer algún
pequeño mordisco con los dientes, unos mordiscos suaves que son suficientes. Pero...
observo que aún queda alguna mancha rebelde de chocolate, y cada vez más
incrustada.
Así que empiezo a hacer crecer la
presión de estas mordeduras sobre tu cuerpo, así es fácil arrancar estas
pequeñas manchas, pero cuando llegamos a la zona de la vulva hay que ser más
hábil. Cogiendo con la boca ambos lados de los labios de la vagina, como si los
quisiera coser, apretando con fuerza con los dientes, quedando dentro de mi
boca una buena parte la parte exterior de la vulva, la voy restregando con la
lengua para que se ablanden las manchas de chocolate. Una vez ablandadas dejo
de apretar repentinamente los dientes, lo que te produce otro sobresalto, y
acabo de lamer y aspirar toda la zona. Pero me doy cuenta que queda entre medio
de los labios de tu sexo un punto no limpiado, en una zona que sobresale una
pequeña protuberancia sensible, así que no me queda más remedio que alargar la
legua, porque está un poco escondida la zona.
Y comienzo a lamer y lamer hasta que
al final, de repente se oye un gran grito de placer, y no se sabe de dónde viene,
porque parece que venga rebotado del techo. Pero, a pesar de ese grito, no
puedo parar, porque la mancha aún no se ha ido. Me doy cuenta que estás
sudando, gimiendo y gritando, y no sé porque. Las piernas los brazos y toda tú
no para de intentar moverse pero no puedes de ninguna de las maneras, y la
reacción de tu cuerpo inmóvil es tan solo un largo temblor, con un sudor
intenso, y unos gemidos ensordecedores.
Continuando con la limpieza, observo
que no paras de temblar, y empiezo a escuchar que suplicas y suplicas que se
detenga esta tortura. Pero no he terminado el trabajo, así que tengo que
seguir, aunque el temblor del cuerpo, y tu suplica. Súplica que pide primero
que no continúe pero luego cambia a que no me detenga. El trabajo debe hacerse
bien hecho y terminar lo que se ha empezado. Con la lengua y también poniendo
todos los labios bien dirigidos para poder aspirar fuertemente, en aquel punto.
Inicialmente la mancha se resiste, pero al cabo de un rato se vuelve oír otro
gran grito de placer que viene del techo. Y cada vez más aquel cuerpo atado,
tiembla y tiembla más, y se sienten más gemidos, y el sudor es más intenso pero
la mancha se resiste.
Gritas que no puedes más, que
sientes que te desmayarás de placer, suplicas para que desaparezca aquella
mancha ya. Y sí, finalmente parece ser que empieza a ablandarse, así que con
una fuerte succión, la más fuerte y larga de toda la noche, termino el trabajo
llevándome aquella mancha tan resistente.
Detengo toda acción de limpieza y mi
sumisa se queda bien relajada y sin fuerzas en la silla, toda sudada. Así que
la dejo descansar unos segundos. Liberandole el pelo para que incorpore la
cabeza tras recuperar el aliento.
Aunque ha descansado un poco ahora
con la cabeza ya libre, te das cuenta que tu amo también se ha manchado de
chocolate. Y sí, piensas inmediatamente que se ha de limpiar, y muy orgullosa
te prestas voluntaria a limpiar, quitarle al amo estas manchas, así que empiezas
pidiendo le permiso al amo, utilizando la boca, la lengua y los labios, tal
como yo había hecho. Pero, aunque estás inmovilizada y solo puedes mover la
cabeza para extraer estas manchas.
Así que para ello el amo se te
acerca, se sienta en tu regazo con las piernas una a cada lado de la silla,
para que puedas empezar primero a limpiar el cuello de tu señor, donde aparece
alguna mancha claramente resistente, y tienes que insistir con perseverancia.
A medida que tus labios húmedos van
extrayendo todo el chocolate del cuello, el Amo se va levantando lentamente,
para que puedas recorrer el cuerpo, llegando a la zona del pecho, pasando por
el estómago, pasando junto al ombligo, y se continúa levantando para que puedas
lamer y absorber las manchas más resistentes, finalmente pasando por el vientre
llega al pene, que está completamente empapado de chocolate.
Ya en esta delicada zona empiezas,
lamiendo poco a poco mi sexo y luego metiéndotelo todo dentro de la boca para
hacerlo bien, saboreando esta mezcla de sabores de chocolate y sexo. Lamiendo y
lamiendo, el chocolate ya está bien ablandado, dando vueltas con la lengua por
todo el pene y dejando que tu señor te guíe en cada paso.
El amo te va indicando el camino que
debes seguir, y entonces abres toda la boca para succionar mejor el chocolate
ablandado, a la vez que el pene entra y sale de tu boca. Poco a poco,
aumentando el ritmo porque el rozamiento haga que el chocolate salte de la
piel, primero salta de la puntita de pene, pero hay chocolate en todas partes
así que este rozamiento para arrancar las manchas, el amo conduce tu cabeza que
a medida que aumenta el ritmo también hace que aumente la profundidad en que
penetra. Y sí, después de unas idas y venidas, profundas, hasta el final,
entrando en la garganta; y ayudada por las saladas lágrimas que saltan de tus
ojos, entregada a la exhaustiva limpieza, parece que marcha todo, ya que no
paras de lamer y succionar.
Pero el trabajo debe hacerse bien
hecho, y al sacar el pene en el exterior se ve que queda algún resquicio en el
pene y los testículos lo que se deberán limpiar bien limpios con la lengua
yendo y viniendo, lamiendo y lamiendo . Como un gatito que se va limpiando, con
toda la lengua fuera vas lamiendo los testículos y una vez bien revueltos
consigues dejarlos bien limpios.
Así que volvemos a intentar limpiar
el pene que parece que ha queda algún pequeño resto, otra vez ablandando-con la
lengua y luego con todo el sexo en el interior llenando toda tu boca. Empezamos
el proceso y ... Si, hasta la garganta otra vez, hasta el final de nuevo, si una
y otro, acompañado el movimiento por mis manos. Cada vez más rápido. Mi sumisa
llora, por esta situación incontrolable y forzada, pero no para porque está
totalmente entregada al amo, quiere cumplir la misión de limpiar su Señor de
manera complaciente.
Hasta que finalmente después de
tanta insistencia, se nota un gran resoplido de placer, del amo. Así pues llego
a correrme y sale un primer disparo con cierta fuerza, que casi te hace
atragantar, quedándote la boca empapada de la leche blanca de tu señor que
después de unos segundos saca el sexo de la boca, y con la mano le acompaña
hasta la altura de tus pechos desnudos, terminando de extraer el semen que
quedaba acumulado y tirándolo con energía, contra tus senos. Así tu Amo te
marca con su señal.
El amo para dejar bien señalada su
pertenencia, esparce este semen por todos los pechos restregando con todo el
pene, testículos y bajo vientre. Así, la piel de los pechos queda bien
impregnada de esta marca imborrable.
Todavía desnuda, atada y con el
sudor frío pides que te libere y permiso para quedarse un rato con mi marca. Así
extraordinariamente satisfecho, te premio, liberándola de tus correas y
cuerdas, haciéndote unos buenos masajes en los tobillos y muñecas torturados
durante tanto tiempo, hasta que recuperan la circulación normal.
Una vez descansada. Agradecida por
el placer logrado pides permiso para ayudar a duchar a tu Amo, con el permiso
concedido y después del masaje recuperador del señor, te dejará que se duches
con él. Con agua bien caliente, jabón y tus manos acabas de limpiar al amo y él
también te premia con las caricias de la esponja.
Terminada la ducha, tú secas primero
al Amo y luego él a te seca con una suave toalla.
Ambos volvemos a la sala de los
calçots y nos estiramos en frente del fuego viendo como la llameante leña chispea
continuamente y con este relajante sonido, nos quedamos dormidos en frente de
la chimenea al borde del fuego.
Muy buenas noches mi querida sumi!

Comentaris
Publica un comentari a l'entrada
Si vols entrar pots fer una sol·licitud directament al gestor del blog